Una escuela viva

Dejo aquí el comentario acerca de las principales componentes del programa SAT--comentario que, naturalmente, no basta para dar una idea de como el conjunto de éstas, constituye en su implementación un proceso de ricas interacciones y por tanto un sistema vivo que va más allá de sus partes. Desde un punto de vista diferente, podría haber hablado de este proceso como "una máquina de moler egos", una iniciación a un camino de desarrollo espontáneo que yace en nosotros más allá de ideología alguna o una escuela viva cuya sustancia yace más en las personas que enseñan que en el currículo explícito.

Hay quienes han hablado de la escuela SAT como una escuela de amor, como un lugar en que se aprende a ser más humano y más verdadero. Para muchos, significa un descubrimiento de la dimensión espiritual de la vida. Muchos dejan atrás viejas maneras de sentir y de ver las cosas, y sienten que su vida toma otro rumbo - o cambia de rumbo. Es, para la mayoría de los participantes, una entrada a un camino de transformación y para los más comprometidos, un tramo considerable del camino.

Un aspecto importante del Programa SAT es de naturaleza psico-social: el grupo de los participantes se torna en un grupo de verdad, en el que cada uno puede mostrarse como es, explorar conductas alternativas y descubrir que es aceptado y querido más allá de sus roles habituales. Pero no sólo es el proceso SAT uno en que la gente se siente aceptada y validada, pues hay en él también un fuerte elemento de confrontación, y diría que están bien equilibrados el aspecto nutricio con la propuesta de una "guerra santa contra el ego".
Alguna vez invité a un grupo de colegas a compartir en torno a lo que la "experiencia SAT" había sido para ellos, y me llamó la atención el énfasis que le dieron a cómo había sido un regalo para los participantes tener el ejemplo de docentes que "trabajan en sí mismos" en vez de aislarse tras un rol profesional.

Cuando se reconoce hoy en día ampliamente que la psicoterapia depende más de la relación que de la técnica o del mismo insight, de lo que se habla es en el fondo de la benevolencia del terapeuta, que le permite "contener" a sus pacientes de manera que sus padres no supieron hacer. Menos ampliamente, sin embargo, se reconoce el valor terapéutico de la autenticidad, que me parece, un ingrediente fundamental de esta escuela viva.

Se ha observado reiteradamente como la la práctica terapéutica ofrecida en el Programa SAT interesa y sirve tanto a terapeutas de alto nivel tanto a como a principiantes, y que cada uno de los cursos es "casi un milagro" por lo mucho que ocurre y lo mucho que se aprende. Me parece que efectivamente así es, y considero tal éxito una confirmación experimental de mi convicción inspiradora: que para ayudar a los otros no necesitamos de largos estudios sino de la experiencia del propio viaje interior a través del auto-conocimiento y los esfuerzos pertinentes-- un entrenamiento práctico-vivencial relevante, una visión clara de ciertas cosas fundamentales y la capacidad de encuentro con el paciente. Por la prominencia de ésta última en la práctica educacional que he diseñado, hablamos a veces de aprendizaje en una "curación por la verdad."

Termino con una consideración acerca de cómo nuestro mundo enfermo y en crisis necesita del apoyo a la transformación individual: la sociedad sana se hace de individuos sanos, y no podemos esperar que la necesidad de auto-realización vaya a ser satisfecha más que en parte por las vías tradicionales. Se hace deseable algo así como una democratización de la psicoterapia o, más ampliamente, una educación en como trabajar espiritual y psicológicamente en sí mismo, y en como las personas pueden ayudarse en ello las unas a las otras.

Difícilmente podemos esperar un mundo mejor sin cambiar nuestra educación, tornándola en algo relevante al desarrollo psico-espiritual. Y para cambiar la educación habría que inyectar algo nuevo en la formación de los educadores.

Claudio Naranjo